¿Y qué pasa con OpenClaw?
Lo he estado probando desde que salió. Hablando con varios compañeros veíamos que instalar en un ordenador lo básico para trabajar en modo AI-First (incluso con modelos locales) podía tener muchísimo sentido.
Pero ya sabemos cómo va esto: te despistas y alguien ya lo ha pensado, desarrollado, publicado... y, en esta sociedad del espectáculo, vendido.
OpenClaw propone un cambio simple respecto a la IA "normativa" del momento: no se centra en una tarea aislada (hazme este resumen, imítame este texto, hazme este trabajo aburrido).
La idea es otra: dejar de hablar tanto de modelos y empezar a pensar más en arquitectura y diseño por partes.
Tú le dices qué trabajos quieres que haga para resolver ciertas intenciones, y de la parte técnica te cuenta lo imprescindible.
¿Seguridad, privacidad y demás? Quedan un poco en segundo plano, porque forzar la máquina requiere concesiones... y algunas pueden ser importantes.
Y mientras tanto, el show: Altman compra a la persona (no a OpenClaw) para comprar también esa modernidad acelerada que el proyecto representa.
Lo cierto es que OpenClaw cumple lo que promete: le pides y hace, sin demasiadas restricciones. Eso sí: es un sumidero de tokens y seguridad si no lo limitas pero una dirección hacia donde vamos.