La IA no nos hace más productivos, nos hace más dependientes

Publicado 15 de mayo de 2026
Última modificación 15 de mayo de 2026

Sorpresa: La IA no nos está haciendo más productivos. Nos está haciendo más dependientes más rápido.

Llevamos meses donde la IA y los LLMs ha cambiado el desarrollo de software de forma visible. Nuevas herramientas, nuevos flujos, nuevas empresas construidas sobre modelos de lenguaje. Y la palabra que más se repite: productividad.

Pero hay algo que no cuadra.

Aaron Benanav lleva años mostrando que el problema de la productividad no es la falta de innovación. Es que su difusión exitosa genera sobrecapacidad: demasiados actores produciendo lo mismo, con la misma tecnología, destruyendo el diferencial que hacía rentable innovar. En su análisis reciente sobre IA (2025), señala que las tasas de productividad laboral están cayendo, no subiendo, a pesar de la inversión masiva.

Lo que vemos en el desarrollo de software replica ese patrón de forma acelerada. Todos usamos los mismos modelos, de los mismos proveedores. Las herramientas son las mismas. La "innovación" consiste en aprender a usar mejor una capacidad ajena. No estamos produciendo: estamos consumiendo innovación como si fuera nuestra.

Marx llamaba trabajo muerto a lo que se cristaliza en la máquina. Trabajo pasado, congelado, inerte hasta que el trabajo vivo lo reactiva. Los LLMs son exactamente eso: millones de horas de trabajo humano objetivadas en pesos y arquitecturas. Pero ese trabajo muerto no es nuestro. Es trabajo expropiado, de escritores, programadores, usuarios, convertido en capital por tres o cuatro empresas. Y nosotros ponemos el trabajo vivo: nuestra intención, nuestro criterio, nuestro contexto. Por tokens.

El token es la unidad que lo revela todo. No es una palabra. No es un concepto. Es un trozo arbitrario de probabilidad cuyo precio no controlas y cuyo consumo no decides; lo decide el modelo. Cada vez que el proveedor ajusta tarifas, tu "productividad" se mueve sin que hayas cambiado nada. Es un mercado de futuros subvencionados donde la promesa es que mañana será rentable, pero el mañana lo deciden otros.

No digo que no haya valor. Digo que lo que llamamos productividad se parece más otra vez a la fantasía de automatización: la ilusión de que delegamos trabajo cuando en realidad delegamos dependencia.

Relacionados