Hace un par de semanas escribí sobre la economía de la sustitución: ese modelo de negocio de las grandes compañías de IA que necesita que desaparezcas tú para que les salgan las cuentas.
Desde entonces me rondaba una pregunta: ¿y el antídoto?
Creo que lo he encontrado releyendo a Maggie Appleton y su "Home-Cooked Software". Maggie recupera una idea preciosa de Robin Sloan: una app puede ser como un plato de comida casera. Igual que cocinas para tu familia o amigos sin ser chef y sin querer montar un restaurante, ahora puedes "cocinar" pequeñas piezas de software para resolver problemas concretos. Los tuyos, los de tu familia, los de tu comunidad.
Software que no busca escalar. Que no compite con nadie. Que no sustituye a nadie. Que se hace por cuidado, no por mercado.
Y sí, en este debate tan polarizado, la IA creo que puede ayudar en esto.
Y aquí está la inversión que me interesa. La misma tecnología que se nos vende con promesas imposibles (que los especialistas tienen los días contados) puede servir para algo mucho más interesante: que mucha más gente haga software que antes no podía hacer.
Y no hablo de quitarle el trabajo a una programadora. Hablo de hacer cosas que ningún programador iba a hacer jamás, porque el mercado es muy corto de miras en según qué ámbitos. Sobre todo en los de la vida cotidiana.
Entre la idea de Maggie y la mía se abre un espacio que me parece valioso: se puede pensar y usar esta tecnología sin tanta épica revolucionaria o colapsista. Hay margen para hacer cosas diferentes. Imaginar futuros deseables en lugar de catástrofes sin trabajo. O, como sugiere Maggie, imaginar algo tan pequeño y tan grande como una cocina con más gente dentro.
El texto de Maggie: https://maggieappleton.com/home-cooked-software